29/02/2016

Inmersos en un mundo emergente. ¿Morir o sobrevivir? Tu decides.

¿Qué podemos hacer para enfrentarnos a un mundo con unos avances sin precedentes? Nos lo cuenta Maria Delgado partiendo del análisis de Juan Martínez Barea en "El mundo que viene"

Ante el actual e inevitable fenómeno de la globalización, el mundo ha cobrado velocidad de forma espectacular debido a los avances sin precedentes en la tecnología, las comunicaciones, la ciencia, el transporte y la industria. Entendemos este proceso como una consecuencia del progreso humano, sin embargo, lo consideramos caótico, ya que requiere ajustes y plantea retos y problemas importantes.

 

 

Es el momento de trabajar y reflexionar sobre lo que es necesario para que todos los países puedan beneficiarse de este fenómeno para favorecer y crear un sistema de sociedad más justo. Como punto de partida, educar en la creatividad puede ser una línea estratégica para educar al cambio y formar personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa, confianza y autónomas para afrontar obstáculos y problemas que se les van presentando a lo largo de su vida escolar y cotidiana. Para conseguirlo, los profesionales del ámbito educativo debemos disponer y ofrecer las herramientas adecuadas para fomentar la innovación de nuestro alumnado. Es durante el proceso de enseñanza­aprendizaje que se debe trabajar el desarrollo del talento de los niños y a la vez, otorgar un papel fundamental a la creatividad, ya que consideramos que ayuda a favorecer potencialidades y a lograr una mejor utilización de los recursos individuales y grupales durante la etapa educativa.

Partiendo de esta premisa, un rasgo importante a debatir, consiste en el hecho de que los sentimientos de miedo e inseguridad acosan cada vez con más fuerza en los ciudadanos/as.

Actualmente vivimos en una atmósfera de inestabilidad, la cual caracteriza la vida contemporánea y se traduce en una creciente propagación del miedo. En este contexto no podemos hablar de una educación creativa sin mencionar la importancia de una atmósfera creativa que propicie el pensamiento reflexivo y creativo.

 

 

Llegados este punto podemos afirmar que una educación creativa es una educación desarrolladora y autorealizadora, en la que no solamente resulta valioso el aprendizaje de nuevas habilidades y estrategias de trabajo, sino también el desaprendizaje de una serie de actitudes que en determinadas situaciones parecen estar establecidas o impuestas, lo cual dificulta el proceso para ser creativos o para permitir que otros lo sean.

Siguiendo esta línea, es interesante el análisis que realiza Juan Martínez­ Barea en su libro "El mundo que viene", donde argumenta su visión positiva del cambio para lograr un mundo lleno de oportunidades para todos.

Maria Delgado Fuertes

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